Veredas de Tigre - El árbol de los problemas

El carpintero que había contratado para ayudarme a reparar mi vieja granja, acababa de finalizar su primer día de trabajo muy duro. Su cortadora eléctrica se había dañado y le había hecho perder una hora de su trabajo y ahora su antiguo camión se negaba a arrancar.

Mientras lo llevaba a su casa, permaneció en silencio
Una vez que llegamos, me invitó a conocer a su familia.
 
Mientras nos dirigíamos a la puerta, se detuvo brevemente frente a un pequeño árbol, tocando las puntas de las ramas con ambas manos.
Al entrar en su casa, ocurrió una sorprendente transformación.
Su bronceada cara sonreía plenamente. Abrazó a sus dos pequeños hijos y le dio un beso a su esposa.

Posteriormente me acompañó hasta el auto.
Cuando pasamos cerca del árbol, sentí curiosidad y le pregunté acerca de lo visto cuando entramos.
-"Ese es mi árbol de los problemas", contestó.
"Sé que yo no puedo evitar tener problemas en el trabajo, pero hay algo que es seguro: los problemas no pertenecen a mi casa, ni a mi esposa, ni a mis hijos. 
Así que simplemente los cuelgo en el árbol cada noche cuando llego.
Luego a la mañana los recojo otra vez."

"Lo divertido es... -dijo sonriendo- que cuando salgo a la mañana a recogerlos, ni remotamente encuentro tantos como los que recuerdo haber dejado la noche anterior"

Si tiene solución, ¿para qué te vas a hacer problema?
Si no tiene solución, ¿Para qué te vas a hacer problema?

¿Problema o solución?

Corría el año 1933. Me habían despedido de mi trabajo de media jornada y ya no podía colaborar con los gastos de la familia. Nuestra única entrada era lo que podía conseguir mamá cosiendo vestidos para los demás.

Mamá cayó enferma durante algunas semanas y le fue imposible trabajar.
La compañía eléctrica nos cortó la luz cuando no pudimos pagar la cuenta.
Luego la compañía de gas nos cortó el gas. Sucedió lo mismo con el agua corriente, pero el Departamento de Salud los obligó a conectarla de nuevo por razones de higiene.
La alacena estaba vacía. Por fortuna, teníamos una pequeña huerta de hortalizas y podíamos cocinarlas haciendo una hoguera en el patio de atrás.

Un día mi hermana menor regresó de la escuela y dijo como al pasar:
-Mañana debemos llevar algo a la escuela para dar a los pobres.

Mamá comenzó a gritar: "¡No conozco a nadie más pobre que nosotros!", cuando su madre, quien por aquella época vivía con nosotros, la obligó a callar apoyando una mano en su brazo y frunciendo el ceño.

-Eva -le dijo-, si le transmites a esa niña la idea de que es pobre, lo será por el resto de su vida. Queda un frasco de la mermelada que hicimos. Puede llevárselo a la escuela.

La abuela encontró un pliego de papel de seda y un poco de cinta rosada con los que envolvió nuestro último frasco de mermelada, y mi hermana salió al otro día para la escuela llevando orgullosamente su "regalo para los pobres"

A partir de entonces, si surgía algún problema en la comunidad, mi hermana suponía naturalmente que ella debía ser parte de la solución.

Y vos ¿sos parte del problema o parte de la solución?